SIMBIOSIS SUECA

construcciones madera panel sandwich

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UNA CIUDAD DE MADERA

Hasta un 70% de la superficie de Suecia está cubierta de bosques, de los cuales unos 22,5 millones de hectáreas se utilizan para la producción de madera. Esto ha convertido a este país de tan sólo 10 millones de habitantes en uno de los principales exportadores mundiales de productos relacionados con la madera. La producción de este material crece de manera estable desde hace años, gracias a la política de plantar dos árboles por cada árbol talado. No es ninguna sorpresa que en el país la madera se use en construcción. Pero en las últimas décadas las posibilidades constructivas del material se han multiplicado gracias al desarrollo de productos como la madera laminada y  la madera panel sandwich que han permitido a los arquitectos escandinavos alcanzar alturas nunca vistas con estructuras de madera maciza industrializada.

La ciudad de Skellefteå ha sabido sacar partido de estas condiciones para su desarrollo urbanístico. Situada a pocos kilómetros del círculo polar ártico y rodeada de 480.000 hectáreas de bosque, esta ciudad que creció gracias a la actividad minera está en plena expansión. Distintos proyectos económicos hacen prever que su población va a crecer de los 72.000 habitantes actuales a 90.000 en 2030. Para poder acoger a sus nuevos ciudadanos, el gobierno municipal ha elaborado un plan de crecimiento con el objetivo de expandir Skellefteå de manera sostenible, y esto implica entre otras medidas que los edificios deberán construirse con estructura de madera siempre que sea posible. La capacidad del material de generar menos emisiones de carbono y su habilidad para secuestrar y almacenar CO2 lo convierten en un aliado imprescindible frente al cambio climático, aún más cuando la ciudad ya tiene una larga tradición construyendo con madera (hasta la torre de control del aeropuerto está hecha de este material).

En este contexto se convocó en 2015 un concurso para un nuevo equipamiento cultural que ganó el equipo de White Arkitekter con la propuesta “Sida-vid-sida” (Lado a lado), un rascacielos de madera que desafía los límites de la madera maciza como material estructural.

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APILANDO BOSQUES

Sara Kulturhus (traducido literalmente, Casa de Cultura) se inauguró en septiembre de 2021 y es el edificio de madera más alto de Suecia y el segundo del mundo.  Mide 76 metros de altura y cuenta con 20 plantas, todas de madera maciza, combinando en la construcciones madera panel sandwich y laminada. El edificio contiene dos programas diferenciados, uno cultural en las plantas bajas del edificio y uno comercial en forma de hotel en la torre. El gran volumen horizontal a nivel de calle está pensado como una enorme sala de estar pública, un espacio abierto a todas desde el cual acceder a los distintos equipamientos culturales concentrados en este edificio: el teatro de la región, un museo, una galería de arte y la biblioteca municipal.

La diferencia de programa se refleja también en los sistemas estructurales: el hotel está construido básicamente con panel sandwich, en forma de módulos prefabricados y ensamblados uno encima del otro en obra. Estos módulos tridimensionales, que corresponden a las habitaciones del hotel, se fabricaron en una planta a unos 45km de Skellefteå, y llegaron a obra casi listos para ser utilizados, acortando los plazos de ejecución de la obra.  Para los espacios culturales, donde las luces a cubrir son mayores y se necesita una planta abierta, se ha utilizado un sistema de pilares y vigas de madera laminada, además de unas grandes cerchas de madera atirantadas con acero para cubrir el amplio espacio público, que se caracteriza por una monumental escalera de madera. Las cerchas reflejan las capacidades estructurales de ambos materiales: el acero soporta bien la tensión, y la madera la compresión.

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El edificio responde a estrictos criterios de sostenibilidad, está diseñado para durar como mínimo 100 años y sus arquitectos afirman que en 50 años habrá compensado sus emisiones de carbono, cuando los árboles plantados donde estaban los que se usaron para construir el edificio hayan crecido. El sistema de energía es monitorizado y fue diseñado con la compañía local Northvolt. Cuenta con paneles solares en el tejado y baterías en el sótano para almacenar energía, así como una cubierta vegetal para disminuir pérdidas térmicas y gestionar el agua de lluvia y la nieve. El uso de madera como material estructural forma parte de los criterios de sostenibilidad con los que se diseñó el centro.

CADENA DE VALOR

Quizás más interesante que el proyecto en sí, sea la cadena de valor que ha permitido hacerlo posible. Un análisis rápido releva las conexiones entre la generación, transformación y acumulación del material. Desde las semillas que germinaron y crecieron hasta convertirse en abetos y pinos absorbiendo CO2, la tala de los troncos, hasta el proceso de fabricación de los elementos estructurales, la concepción del proyecto y su construcción. Comprender este proceso transversal de transformación de la materia y poder seguirlo es especialmente importante en el contexto de cambio climático actual, ya que la energía y las emisiones de CO2 embebidas en el proceso de construcción del proyecto en muchos casos supera a la energía y emisiones asociadas a las operaciones diarias del edificio construido. En este caso, estas transformaciones materiales a lo largo de toda la cadena de valor (incluyendo ciclos de energía y dióxido de carbono) involucran el bosque, la industria local y los habitantes de Skellefteå. 

UN MODELO QUE SEGUIR

Sara Kulturhus no sólo representa un modelo de edificio sino una forma de construir ciudad de forma sostenible, respetuosa con el medio ambiente, y usando productos y mano de obra local, generando actividad económica que beneficia a la propia ciudad. Este edificio ha cambiado el perfil de la ciudad y ha generado un modelo pionero de construcción densa, ecológica, con relaciones sociales y materiales a escala local convirtiéndose en referente internacional a seguir y, a su vez, siendo motivo de orgullo para sus habitantes.

También demuestra que mediante el diseño, teniendo en cuenta toda la cadena de valor asociada a la construcción de un edificio, y el compromiso con las agendas climáticas de los agentes involucrados se pueden conseguir resultados extraordinarios. Construir en altura con un material como la madera certificada de origen local, capaz de secuestrar y almacenar carbono, en un contexto de cambio climático y a su vez dotar de soluciones habitacionales a una población mundial creciente, es una de las mejores opciones (o la única) que tenemos. Desafiando la hegemonía de las formas modernas de construcción que ignoran deliberadamente las emisiones asociadas al proceso de construcción, este rascacielos en madera presenta una alternativa real y prometedora para el futuro de la construcción: edificios creciendo en simbiosis con sus bosques cercanos.